lunes, 15 de febrero de 2010

capítulo 2 (o epílogo... tú dirás)


Hay varias cicatrices que, sin doler, palpitan.

Ocupan el mismo sitio que un día ocupó un gesto, una mano, una barbilla, un pie. Se iluminan sin que lo espere, y se establece, con un cerco de circulación alterada, la silueta -exactamente igual que la tiza que dibuja un cadáver en una postura barroca- y da un escalofrío débil y rojo. Ocurre también con los recuerdos que me hacen reír, pero las cicatrices que palpitan pocas veces arrancan sonrisas. Así, me acuerdo de tu mano sobre la mía en la barra de aquel bar que no recuerdo -y que ya no existe-, en el paseo de Recoletos, y también de tu barbilla -fuerte- sobre el ángulo recto de mi cuello y mi espalda empapada por la vergüenza, el alcohol y alguna lágrima clandestina. Y hace poco que se iluminó, también, tu mano en mi nuca, instantánea, fría... sí.

Hay varias cicatrices que, sin doler, chillan.

Y a todos, os odié por no quedaros cerca


5 comentarios:

Enric dijo...

Yo a las cicatrices que chillan las llamo "Recuerdos".

un peto

Enric

Baba-Sule dijo...

acaso no será el cuerpo y la vida esa suma de cicatrices puestas en fila...y aunque duelan, nunca innecesarias, porque nos permiten aprender de cada una de ellas?

kay dijo...

vivo enamorada de mis cicatrices :)

Diana dijo...

As cicatrices son marcas de guerra!!! E é moi entretido contar como fixeches cada unha (eu fágoo habitualmente...)

Un bico señorita

Baba-Sule dijo...

a mi me gusta pensar que siempre nos queda sitio para una más, y otra más, y otra más (como en la canción de Nacho Vegas cuando dice lo de "sé que llegará..." y parece que te abre la vida en canal...)

http://www.youtube.com/watch?v=2BneTJBt5Uc