en ocasiones no damos cuerda al reloj en la dirección adecuada y con la potencia precisa. Llegar a tiempo no siempre equivale a llegar en hora o según los planes. Porque a veces, llegamos a tiempo cuando perdemos el autobús, cambiamos los planes en el último segundo o improvisamos un viaje solos
miércoles, 29 de enero de 2014
Ujjayi breathing
A veces respiro océano. Y saboreo la miel del sol con la punta de la lengua. A veces, si me concentro bien, puedo hacer magia. Magia que tiene todo el sentido del mundo entre esas cuatro paredes de cristal. Toco las canciones que vivimos con las yemas de los dedos: golpeo con las puntas gotas doradas que flotan por la habitación, delante del lago que hay allí y del que salen mis seres queridos, que no necesitan tener escamas ni branquias para saltar desde las profundidades varios metros hasta el cielo. Me saludan con la mano. Y yo me río, claro. Si lloviera esa casa, que tanto se parece a primavera, verano, otoño, invierno, primavera, estoy segura que sería desde el suelo. Y que podría beberme los barrotes desde la madera del suelo. Sobre el que pedaleo, en el aire, y hago volteretas hasta caerme al lago, donde el agua está helada y desde el que puedo ver el valle entero. De momento sólo tengo dominados los 45º pero estoy segura de que conseguiré abrir el ángulo para ver más y mejor.
Hoy me he acordado de cuando mi padre me tiraba a la piscina desde el bordillo.
Y, tumbada, respirando como el océano, se me han escapado dos lágrimas, una por carrillo.
sábado, 29 de junio de 2013
Fon
El cementerio. El cementerio dentro del parque de bonaval, ese en el que María tiene una foto con su cámara y su micrófono. Ese en el que tocó Fon Román y yo fui a ver sola. Ese en el que, en cada tumba, habían colocado velas, velas verdes, velas recubiertas de un celofán o plástico rojo, como el de las iglesias. Sólo en Galicia hacen eso sin pensar, de forma innata. Juegan con la muerte. La muerte convive con ellos de una forma natural. La honran, la celebran... La lloran (claro) pero se trenza con la vida de la gente, se funde con ellos al caer la tarde, por las noches. En aldeas, en bosques. En cementerios de gallegos ilustres como el de bonaval. Fui feliz en Galicia; viviendo allí y respirando el aire de la libertad, de estar sin nadie, de empezar de cero. Sentada en ese césped largo, sin cortar desde hacía días, húmedo por la lluvia de media hora a media tarde; con las piernas cruzadas tocando las hierbas con mis dedos, sentí que era feliz. Y que poco después del final de ese concierto, del exmiembro de Piratas, me iba a ir a tomar unos vinos con la pandilla más maravillosa del mundo. Esa que no puedes apreciar del mismo modo cuando estás en mitad de la catástrofe. Pero que, pese a ello, nunca deja de formar parte de tu piel y de tu historia. Debería vivir cada minuto como si fuera el último. Echo de menos demasiado el tiempo que pasó y que no va a volver. Siempre he adolecido de eso. Talón de aquiles. Talón... con sandalias. En Bonaval. Tan libre.
sábado, 23 de febrero de 2013
¿Seguir leyendo?
Éramos mucho más libre. No nos engañemos.
¿Seguir leyendo?
El acceso a la información es más fácil, pero ésta es cada vez más rápida, menos pensada. Y nosotros también pensamos menos. No revelamos fotos, no escribimos...
¿Seguir leyendo?
¿Y nuestros paraísos electrónicos? Esos donde escondíamos mensajes entre líneas, donde nos descubríamos a nosotros mismos y a otros seres incandescentes con los que soñar, donde nos esforzábamos cada día por dejar el mejor comentario posible. Uno trabajado, sin importar la extensión, siempre detrás de un pseudónimo. Nuestros paraísos electrónicos ya no están.
¿Seguir leyendo?
Nos han dado álbumes interactivos donde compartir fotos demasiado públicas, nos han dado la oportunidad de señalar dónde han sido tomadas... Y aunque nos esforcemos por filtrar toda esa información, lo cierto es que todo lo que decimos, detrás de nombres reales, tiene una caducidad para nuestros ojos, pero no para los gobiernos que -seguro- se están haciendo con nuestra información.
¿Seguir leyendo?
Soñábamos en esas letras. Escribíamos deseos con una corrección linguística impecable; metíamos negritas, colores, fotos robadas... fotos nuestras con o sin filtros de una versión pirata de photoshop. Y nos encontrábamos. Sí, a otros y a nosotros mismos. Cada noche, cada pausa de aula de informática en la facultad. Quizá nos conocíamos, quizá desayunábamos y comíamos juntos cada día... pero jamás se decía "leí tu texto, y me gustó". Porque uno prefería esperar a poder susurrar las palabras perfectas, cuidadas, lanzadas con mimo por la noche... En el escritorio de estudio, entre apuntes, bolígrafos y subrayadores.
¿Seguir leyendo?
Me gustaba esa época. Y mis amigos de entonces. Y mi vida, tan limpia, tan por empezar, tan abierta a cualquier cosa. Me gustaba reflexionar, tomarme tiempo para analizar gestos, sentimientos, respuestas, conversaciones, correos electrónicos. Y responder, abierta o secretamente. Con párrafos cortos o largos.
¿Seguir leyendo?
Kioto, lluvia embotellada... Di paseos por mis blogs dejando espinas y heridas en todas ellas. Son diarios de una vida que fue, y que quedó documentada de una forma especial...
¿Seguir leyendo?
No nos engañemos... Ese tiempo pasado sí fue mejor.
¿Seguir leyendo?
Definitivamente. Y claro que quiero, y debo seguir leyendo. Nos están haciendo más tontos, no nos dejan soñar. El reloj de Cortázar, ¿os acordáis?
Esto es peor.
¿Seguir leyendo? Claro.
¿Seguir leyendo?
El acceso a la información es más fácil, pero ésta es cada vez más rápida, menos pensada. Y nosotros también pensamos menos. No revelamos fotos, no escribimos...
¿Seguir leyendo?
¿Y nuestros paraísos electrónicos? Esos donde escondíamos mensajes entre líneas, donde nos descubríamos a nosotros mismos y a otros seres incandescentes con los que soñar, donde nos esforzábamos cada día por dejar el mejor comentario posible. Uno trabajado, sin importar la extensión, siempre detrás de un pseudónimo. Nuestros paraísos electrónicos ya no están.
¿Seguir leyendo?
Nos han dado álbumes interactivos donde compartir fotos demasiado públicas, nos han dado la oportunidad de señalar dónde han sido tomadas... Y aunque nos esforcemos por filtrar toda esa información, lo cierto es que todo lo que decimos, detrás de nombres reales, tiene una caducidad para nuestros ojos, pero no para los gobiernos que -seguro- se están haciendo con nuestra información.
¿Seguir leyendo?
Soñábamos en esas letras. Escribíamos deseos con una corrección linguística impecable; metíamos negritas, colores, fotos robadas... fotos nuestras con o sin filtros de una versión pirata de photoshop. Y nos encontrábamos. Sí, a otros y a nosotros mismos. Cada noche, cada pausa de aula de informática en la facultad. Quizá nos conocíamos, quizá desayunábamos y comíamos juntos cada día... pero jamás se decía "leí tu texto, y me gustó". Porque uno prefería esperar a poder susurrar las palabras perfectas, cuidadas, lanzadas con mimo por la noche... En el escritorio de estudio, entre apuntes, bolígrafos y subrayadores.
¿Seguir leyendo?
Me gustaba esa época. Y mis amigos de entonces. Y mi vida, tan limpia, tan por empezar, tan abierta a cualquier cosa. Me gustaba reflexionar, tomarme tiempo para analizar gestos, sentimientos, respuestas, conversaciones, correos electrónicos. Y responder, abierta o secretamente. Con párrafos cortos o largos.
¿Seguir leyendo?
Kioto, lluvia embotellada... Di paseos por mis blogs dejando espinas y heridas en todas ellas. Son diarios de una vida que fue, y que quedó documentada de una forma especial...
¿Seguir leyendo?
No nos engañemos... Ese tiempo pasado sí fue mejor.
¿Seguir leyendo?
Definitivamente. Y claro que quiero, y debo seguir leyendo. Nos están haciendo más tontos, no nos dejan soñar. El reloj de Cortázar, ¿os acordáis?
Esto es peor.
¿Seguir leyendo? Claro.
martes, 24 de abril de 2012
espejos
¿A quién no le apasionan los espejos? ¿No son acaso inspiradores? ¿Cuántas veces no has deseado ser la del otro lado, verte desde esa perspectiva tan familiar y a la vez tan distinta?
Hace tiempo me negué a escribir un blog en el que volcara mis anhelos, mis sueños... lo que me desvela y lo que me araña por dentro. Será que todo es cíclico y las personas las mismas, aunque se ensanchen las caderas y salgan pequeñas arrugas alrededor de los ojos, de reírse tanto o de vivir con tantas ganas. Hace unos años me di cuenta que no me reconocía en el espejo.
De pequeña me pasaba horas delante de él, sujetándome con papel celo el rabillo del ojo para ser china. Sí. Yo creía que todo lo que no funcionaba en esta vida lo haría con un poco de celo y pegamento. Con el tiempo aprendí que eso no era así y llegué a escucharme decir '¿Quién es esa?' o '¿Por qué es tan difícil ser adulto?'
Quizá pasé demasiado deprisa de la cadencia de las historias de verano –la Playa de la Concha de madrugada, Nápoles, lluviosa Malasaña– al vacío existencial que en un tiempo fue vértigo. Ya no tengo vértigo a la vida, sólo la veo irse como el agua del río y yo, que siempre he sido de la escuela de Heráclito de Éfeso, vivo obsesionada con que lo que nos pasa nos hace muy distintos y que lo que se va no vuelve.
Vivo obsesionada con ello y, sin embargo, soy la primera no aceptar que las cosas que se van no vuelven. Por eso quizá me cuesta tanto ver que no voy a seguir realizando sueños hallándome en este lado del espejo y que me han dejado por el camino personas a las que amé con las uñas y con los dientes y con un gran pedazo de estómago... Y que no volverán. Y tampoco las imágenes que tatuaron en mi retina los adoquines y el embarcadero y los fuegos artificiales desde el faro.
No puedo vivir amarrando trozos de tela, fotogramas cristalinos y vítreos ni cartas rotas. Pero siento nostalgia por esos días y me tortura enormemente ver que no tengo la chispa de antes. Me doy cuenta cuando me veo reírme a carcajadas sin mirar el teléfono, ni el reloj. Cuando me definen como la chica que más se ríe del mundo. En esos momentos me doy cuenta que me echo de menos y que me cuesta verme convertida en alguien a quien hace tanto que no reconozco que no me preocupo por recordar.
Será la velocidad de la vida que no me deja pensar. El tiempo es el mismo que era entonces. Y así las esferas y sin embargo, estoy tan lejos de esa explicación racional e irracional de casi todo, tan lejos de los silogismos y la lógica y de los días en que me contaban quién era Sócrates y dije 'Yo quiero ser esto'. Y entonces fue cuando decidí que quería llamar Sofía a una de mis hijas, una de las varias que quería tener. Me hice esa promesa y la guarde en un estuche de lata, que tenía mi nombre y el de mis amigas escrito en típex.
Ellas siguen estando, y sus espejos, y los cuentos y las cartas que nos escribimos. Yo, en cambio, no tengo claro qué tengo dentro pero sé que avanzo hacia dirección prohibida, hacia una calle cortada, y quién sabe cuánto tiempo llevo ignorando que estoy en ella... quién sabe cuánto tiempo llevo mirándome en el espejo convexo de las calles sin salida. Sin reconocerme.
martes, 26 de abril de 2011
Una ciudad vivida en 120 palabras
Bailamos descalzos en la Piazza Nabona cuando al final la encontramos. Apareció allí, de pronto con su chelista a la vuelta de una calle, como se muestra la Fontana de Trevi a la vuelta de la tienda de helados donde me compraste uno de chocolate y menta después de drogarnos un buen rato. Luego tiramos unas monedas... abrí las manos para que las pusieras tú, que yo dudo que volvamos a Roma, te dije... y mucho menos juntos... aunque lo prometieras cogiéndome las manos detrás de dos licores de almendras. Te van a encantar, me dijiste... que yo no lo había probado nunca, ni eso ni el amor verdadero, ni que piensen en ti todo el tiempo y te quieran con obsesión aunque duerman con otra. Entonces yo no sabía nada de aquello. Pero tampoco ahora lo olvido. La vida me sabe a amaretto. Amaneció poco después de arrancarnos los labios detrás de todos los puestos de pósters y hacía frío y el sol escalaba por las paredes del coliseo mientras las vespas corrían por las calles sin mirar los semáforos. Mientras, las manos más madrugadoras unían patios con colores de tela colgados con pinzas. La noche antes te dormiste mirándome todo el tiempo. Me di cuenta pero me hice la dormida para que no dejaras de hacerlo. Nunca nadie ha vuelto a hacerlo de esa forma. Y tú no quieres verme y yo te borraría todas las líneas hasta dejarte totalmente en nada. Bluf. Ceniza
jueves, 31 de marzo de 2011
domingo, 27 de marzo de 2011
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